Íngrid Carolina Serrate Caldera
Las comunidades indígenas originarias de Colombia han sabido resistir hasta nuestros días, como un acto de creación y vida. La resistencia indígena está construida sobre la base de unidad, cultura, territorio, autonomía y tierra. Por tales motivos, la negación al exterminio y la resistencia a la violación de sus derechos, es una práctica de libertad, para seguir siendo cosmogónica y culturalmente quienes son.
Las históricas y actuales agresiones de que han sido víctimas los indígenas, a lo largo y ancho del territorio Colombiano, agudizadas y visibilizadas a partir de la Minga Mayor que llegó a Bogotá, finalizando el 2008, hacen parte de un panorama agresivo, contra los comunicados de las organizaciones indígenas y Consejeros Mayores, que denuncian el desarraigo forzado de comunidades originarias de sus territorios, como lo sucedido con los indígenas Emberá, para construir las represas del Urrá I y II; los miles de indígenas desplazados, por el conflicto político y económico, del gobierno con los grupos al margen de la ley.
El territorio y la tierra, dos de los principios de vida que las comunidades originarias sostienen, son base de la lucha por la resistencia indígena. Para Isaí Arias Kankui, indígena de la comunidad de los Kankuamos, del Valle de Upar, el territorio y la tierra son: “los indígenas, en nuestros territorios, conservamos la fauna, la flora y desde allí nuestro aspecto cultural, espiritual, el conocimiento tradicional y más aún, la riqueza natural, es decir, la madre tierra. La tierra para nosotros es madre, porque por ella vivimos. La tierra da vida, el agua da vida, el bosque da vida. La tierra no es negociable, porque la vida no se negocia, porque la vida está en la tierra”.
Al respecto, los indígenas han buscado denunciar los casos de violación a la autonomía de los resguardos indígenas y la integridad cultural. Denuncias que enmarcan la violación a los Derechos Humanos, con casos como el del atentado contra Gustavo Ulcué, integrante del Tejido de Comunicaciones de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca – ACIN, el pasado 7 de febrero, demuestran la gravedad de los hechos, a la vez que atenta contra los derechos de libertad de prensa y libre expresión de la opinión, contemplados en el artículo 20, de la Constitución Política de Colombia.
Al igual, cientos de indígenas han sido desplazados por conflicto interno. Lo que dicen los indígenas ante esta situación de zozobra: “Frente a estos hechos de violencia rechazamos la política de seguridad democrática y el desarrollo del Plan Colombia fase II, que convierte a los territorios indígenas en teatro de operaciones, donde la Fuerza Pública, ejecutando órdenes de los mandos superiores, atacan a la población civil indefensa, violando los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario”.
El Asesinato de Edgar Arcacio Ocoró, ex gobernador del Cabildo Indígena de Corinto López Adentro, el pasado 6 de marzo, y el asesinato de Edwin Legarda, esposo de la Consejera Mayor Aida Quilcué, el 16 de diciembre de 2008, son también muestra de atentados contra la vida y las justas denuncias, de los pueblos indígenas y la resistencia organizada de instituciones como la CRIC, ONIC, ACIN, entre otras.
Las formas de resistencia surgen, como una fuerza que no es anterior al poder que se opone y tampoco se debe ver sólo como una negación al mismo; formas de resistencia para preservar la vida como un proceso de creación y de trasformación. La agresión del poder que se impone ha llevado a las comunidades indígenas a organizarse, actualmente, de diversas maneras, tal como las movilizaciones: La Minga Mayor de Resistencia Indígenas, Minga de Emergencia Territorial y Humanitaria, Gran Minga Humanitaria de Solidaridad con el Pueblo Awa y Mesa Nacional de Mujeres Indígenas y en instituciones como: ACIN, CRIC, ONIC, Red Indígenas, entre otras.
A estos actos de resistir y persistir en la vida, se han unido medios de comunicación alternativos, como Prensa Rural, periódico y El Turbión, Antena Mutante. Así mismo, las comunidades indígenas se han capacitado y diseñado toda la infraestructura necesaria, para manejar ellos mismos los hechos de los cuales son víctimas, a la vez que consolidan las relaciones de comunicación con los indígenas de todo el país, fortaleciendo la unidad, contando ya, en casi todas las regiones, de mayor concentración originaria, con medios de comunicación, como Radio Payuma, Radio Nasa, Voces de Nuestra Tierra y La Voz del Cabildo, emisoras locales y regionales en el Norte del Cauca.
Los indígenas aseguran, que tras el uso de la fuerza del poder y la violencia, ejercida por el Gobierno, la Fuerza Pública y los grupos al margen de la ley y emergentes, sólo lograran que ellos creen nuevas formas para persistir y luchar con el desplieguen de la fuerza de tierra, unidad, territorio, cultura y autonomía, convirtiendo la resistencia en vida como lo asegura un guardia indígena del Cauca: “guardar, cuidar, defender, preservar, vivir, soñar los propios sueños, oír las propias voces, reír las propias risa, cantar los propios cantos, llorar las propias lágrimas es la razón de la existencia”.
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